“El eclipse y los vientos Ana María Manceda. Primer Premio Internacional en narrativa 2013

TAPA EL ECLIPSE

 

 

Hace justo un año, obtuve el PRIMER PREMIO EN NARRATIVA, CERTAMEN INTERNACIONAL AÑO 2013,otorgado por CENTRO ESCRITORES NACIONALES. Me llegaron ayer los libros (son el premio del certamen publicados en 2014) . Es un hermoso libro de 64 páginas con algunos de mis cuentos y por supuesto con el cuento ganador “El eclipse y los vientos”. Agradezco al escritor del prólogo( afectuoso crítico), a quien admiro, Michael Gamarra, editor y escritor de la revista HONTANAR de Australia Cervantes Publishing. Comparto esta alegría con todos ustedes, la mayoría personas que aman la cultura y se que me aprecian. Cariños desde la Patagonia argentina

 

CONTRATAPA EL ECLIPSE

¡CÓMO LAS FLORES SEÑORA! Ana María Manceda

¡COMO LAS FLORES SEÑORA! ANA MARÍA MANCEDA

como las flores sra.Diego Rivera

 

¡Alégrame la vida! Entonces, a propósito le preguntaba cómo andaba y él tan suelto como era, tan pobre, tan feliz, dejaba volar las palabras de su sonriente boca ¡ Cómo las flores señora! Sonaba a música, suena a música, sonará a música. Tenía una ligera nube en los ojos que producía un silencio en su mirada, un segundo, un tac y por ahí volvía a chispear, como cuando explicaba que su nombre quería decir “tigre amable” en mapuche. Lo mágico ocurría ante mi pregunta ¿Cómo andás Ainao? y el mundo vibraba, se llenaba de colores y notas musicales.

Luego de las clases debía enfrentar mi nueva vida. Mientras preparaba las  tareas en la cocina de la casa  el tiempo transcurría con cierta armonía,  pero no sé por qué causa  cuando iba al cuarto comenzaba a sentir esa sensación de asfixia. Será que los sueños nocturnos quedaban deambulando y en ellos se zambullían los ruidos, los olores, el pasado y toda esa ciudad que dejé para venir a la Patagonia. En ese pequeño espacio entraba todo. Antes de ahogarme regresaba a la cocina, preparaba unos mates y me acercaba a la ventana, los blancos copos de nieve, cayendo en un silencio absoluto me devolvían las ilusiones. Al recordar a mis alumnos y sus asombradas adolescencias me cargaba de una nueva energía pero la alegría me la brindaba  Ainao, cuando entraba al aula él estaba ahí, en primera fila. Y  el tiempo pasó.

Al terminar el secundario Ainao debió alistarse al ejército, era una época en que los vientos de guerra soplaban en la región. Son fuerzas tan poderosas que las vidas son mezcladas como débiles cartas de azar.  En una de las maniobras de rutina Ainao se cae del caballo y se golpea en la cabeza. Nunca más habló, lo dieron de baja, ya no servía. Nos cruzamos algunas veces pero no me reconoció. En épocas felices le tendría que haber contado como suavizaba mi nostalgia y me alegraba la vida con su dulce saludo ¡ Cómo las flores señora!