POEMARIO DE ANA MARÍA MANCEDA EDITADO POR LA REVISTA ‘EL RAYO’

POEMARIO DE ANA MARÍA MANCEDA EDITADO POR LA REVISTA ‘EL RAYO’.

NOTAS PARA UN PRÓLOGO

Ana María Manceda es una poeta de larga trayectoria en el ejercicio del verso y

el sentir, posee una vitalidad y una capacidad de fabulación y metáforas que nos

apabullan, que, sigilosamente nos arrastra hacia su mundo interior y espiritual con

una fuerza invisible que alcanza cotas de lirismo difícil de emular .

Para titular este ramillete de 10 poemas seleccionados (es una suerte que nos

hayan llegado a la revista “Como el Rayo”), he usado el título del primero de ellos

«Buceando en el infinito», que sin duda alguna es una síntesis del poemario, donde

descubrimos la arista del «poeta encerrado», porque todo poeta se encuentra

encerrado en su cárceles interiores, en sus moradas de las que hablara Santa

Teresa de Ávila. A veces la inquisición de la palabras es un pretexto para confesar

lo inconfesable y llevarnos de la mano por mundo nuevos.

Mancera tiene versos bellísimo, que sólo el alma desnuda de una poeta de

verdad puede llegarnos a la ciudad de los inmortales de Borges, geometría del aire

que rompen sus locos pájaros de la noche (poema 5) que es una maravillosa

transición hacia lo invisible. Nos hablará de silencios y de las sirenas, de bellos

caballos (yo me he permitido traer al escenario poético una yegua blanca, el más

destacado color de los caballos andaluces), y de locos pájaros. A la vez el alma

diamantina de la poeta se rebela contra la falta de un amor verdadero, y «el temido

llanto asoma» (v.18, poema 2), a veces sus palabras crujen con voz propia « El

poeta encerrado jugaba a descubrir el sol » (v.1, poema nº 1). Usa la sinestesia

como en «pinten de colores sonrisas universales » (v.17 poema nº 3), porque sus

versos son recursos para hablarnos al oído con palabras de amor, de invisibles

seres o entes como el «agua leona del río» (v.10, poema 8), o del sufrimiento de la

madre transparente, son sus versos que «quieren derretir la lava seca y fría» (V,14,

del poema nº 3). Poco a poco, ella nos lleva por sus versos hasta el número 10 y

último «La gota» para prendernos entre los cristales de infinito y maravilloso

prisma.

En definitiva, a mí me ha dejado extasiado, yo podría muy bien compararla con

Gabriela Mistral o con algunos versos de Rubén Darío en «Azul» pero las

comparaciones son odiosas, creo que Ana María tiene luz propia y ya sus

 

abundantes éxitos lo demuestran.